MADRE ANTONIA PARIS

Madre Antonia Paris
    María Antonia París y Riera, fundadora y mística, nació en Vallmoll, Tarragona, el 28 de junio de 1813. Fue bautizada al día siguiente, en la fiesta de San Pedro y San Pablo, una fecha que más tarde vio como símbolo de su profunda espiritualidad eclesial. Su padre había muerto antes de que ella naciera, y su madre se refugió en Vallmoll a causa de los ataques franceses.
    La propuesta articula los espacios económicos, administrativos y organizacionales para interpretar los cambios patrimoniales, analizar situaciones reales y promover intervenciones críticas y creativas. El estudio de las organizaciones (como sistemas complejos que coordinan recursos para lograr objetivos) permite comprender la dinámica social, productiva y tecnológica del mundo actual.
    Hizo su primera comunión a los nueve años y aproximadamente a los catorce decidió consagrarse al Señor, intensificando su vida de piedad.
    A pesar de su decisión temprana de ser religiosa, no ingresó en el Convento de la Compañía de María de Tarragona sino hasta 1841, a los 28 años, en calidad de residente debido a las leyes anticlericales españolas que prohibían el ingreso de nuevas novicias.
    La Visión Mística y la Fundación
    Cuando llevaba un año en el Convento, el Señor le concedió una experiencia mística particular (definida como "visión intelectual"). Mientras ofrecía su vida por las necesidades de la Iglesia, comprendió la Ley Evangélica y el modo en que Dios quería que se cumpliera, dándose cuenta de que la falta de este cumplimiento era el mayor mal que atravesaba la Iglesia. Se sintió llamada a fundar un nuevo Instituto de Apóstoles de Jesucristo a imitación de la Purísima Virgen María. Esta experiencia le dejó un gran amor por la pobreza evangélica y una profunda humildad.
    Poco después, se le reveló que el Padre Claret, a quien aún no conocía, le ayudaría en la fundación, pues era el hombre apostólico que la Iglesia necesitaba para predicar la Ley Santa.
    El Viaje a Cuba y la Profesión
    Aconsejada por su director espiritual, el Dr. Caixal, y el P. Gatell, O.P., María Antonia salió de la Compañía de María, ya que dudaba si debía profesar allí o permanecer libre para la fundación requerida por la voluntad de Dios. Tras su salida, le escribió al Arzobispo Claret, quien ya se encontraba en Cuba. Claret respondió abriendo las puertas de su Diócesis a las hermanas. El 15 de agosto de 1851, ella y sus compañeras hicieron voto de no separarse, de cruzar los mares si era voluntad de Dios y de obedecer a sus superiores legítimos. Finalmente, partieron rumbo a Cuba el 22 de febrero de 1852.
    En Cuba, la fundación enfrentó grandes vicisitudes, incluyendo dificultades para obtener la aprobación gubernamental. Una vez lograda, Claret solicitó al Papa Pío IX la Bula para erigir el nuevo convento. Comenzaron el trabajo apostólico de la enseñanza, y María Antonia profesó el 27 de agosto de 1855. La Obra Escrita y el Legado Con ocasión de su profesión, tuvo una nueva experiencia espiritual sobre la necesidad de renovación de la Iglesia. Su director espiritual, el P. Curríus, le ordenó escribir estas luces, conocidas como los "Puntos para la Reforma de la Iglesia".
    En 1859, María Antonia regresó a España, llamada por Claret (quien era entonces confesor de la Reina Isabel II), para fundar la segunda casa del Instituto en Tremp. En 1860, los "Puntos" fueron presentados a Pío IX, quien contestó que no producirían el fruto esperado, una decisión que ella aceptó con gran sumisión.
    Más tarde, fundó la tercera casa en Reus (Tarragona) en 1867. Allí vivió la revolución septembrina de 1868, experimentando una dolorosa "densa noche de espíritu" en sintonía con los males de la Iglesia. Su última fundación fue en Carcagente (Valencia) en 1875.
    María Antonia París y Riera murió en Reus el 17 de enero de 1885, después de una enfermedad que llevó con gran paciencia y caridad, habiendo fundado cuatro casas y dado anuencia para fundar dos más.
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